Estoy nerviosa.
Sé que no es propio de mí, pero…se trata de salvar a un Dios y rescatar a su hijo, comprendedme. Ozkora se ha puesto muy contenta, y no me extraña, pero la sola idea de poder fracasar me abruma. Son las ocho de la mañana y ya estoy levantada y lista para empezar mi ‘‘misión ’’. Cojo el móvil y busco la tarjeta con el número del demonio. Oh, no. Oh, por el poderoso Odín, ¡no está! La guardé en el pantalón, en el bolsillo izquierdo. Ay, si no la encuentro, adiós información, adiós Odín y adiós, Éthara.
Uff…aquí está. Debajo del escritorio. Seguramente se me cayó anoche. En fin…llamo.
Tarda bastante en responder, y los nervios me atacan.
-Cógelo, cógelo…-murmuro. Por fin, su voz me contesta al otro lado de la línea.
-¿Diga?
-Hola, demonio-le saludo; qué bien, él sabe mi nombre sin que yo se lo dijera y yo todavía llamándole ``demonio ´´.
-Ah, hola, Éthara. Veo que has aceptado mi propuesta…
-Claro, ¿qué otra cosa sino me obligaría a llamar a un demonio?-Bueno, yo también suelo replicar de vez en cuando. Él se ríe. Por lo menos tiene sentido del humor.
-Bueno… ¿a las nueve en la plaza del Ayuntamiento?-me pregunta antes de lo que yo pensaba que lo haría.
-Preferiría a las ocho y media-contesto-. Tengo…cosas que hacer.
-Por supuesto-me dice con sorna-. Una Valquiria joven que va a vivir toda una eternidad tiene muchísimas cosas que hacer y poco tiempo para realizarlas. No te culpo, pero te recuerdo que tanto tú como yo somos inmortales, así que, ¿qué más da a las ocho y media que a las nueve?
¡Qué pesado! Piensa demasiado.
-Oh, ¿tú también?-le pregunto; sé que lo que le voy a decir a continuación no le va a gustar.
Por una vez, parece un poco sorprendido.
-¿Yo también, qué?
-Pues otro demonio perdido, sin nada que hacer. Un demonio que se dedica a aparecer en las casas de las Valquirias con el único fin de ayudarlas y obligarlas a hacer el bien. Un demonio, pues con todo el tiempo del mundo, que se aburre, sin ocupaciones ni quehaceres, solo en esta vida y molestando por molestar. Un demonio que…
-¿A las ocho y media, entonces?-me interrumpe con impaciencia. Lo sabía. Ya he conocido a bastantes demonios así, que los primeros cien años de su vida los pasa averiguando los placeres de matar, de hacer sufrir y de poner en práctica su maldad. Sí, claro, los primeros cien años de un demonio son divertidos. Pero cuando tienes millones y millones de años y tu mayor enemigo se ha extinguido, los humanos te parecen…un puro y mortal aburrimiento. Para los seres como nosotros, el aburrimiento es el peor de los males. ¿Qué a qué me refiero con lo de ``enemigo extinguido ´´? Pues a los ángeles, por supuesto. Se extinguieron, los pobres. Estar en estado material tantísimo tiempo no fue bueno para ellos. Mostrando sus alas, imponentes, muchos humanos se pusieron de acuerdo para matarlos. Para cuando quisieron ser como humanos del montón, ya era demasiado tarde. Eran maravillosos. Cualquier Valquiria daría su vida para ver volar a uno más. Y los demonios…pues igual. Pronto, para los demonios, el problema no serán las espadas de Valquirias que los pueden matar, sino el aburrimiento de millones de años. Casi me dan pena. Casi.
Sonrío. He conseguido lo que quería sacando el tema.
-Sí. Te espero allí.
Me cuelga. Lo de despedirse no es algo muy habitual entre los demonios.
Pero eso a mí me da igual. Mejor. No es agradable estar hablando de salvar a un Dios con un demonio, ¿sabéis?
Pues bueno…salgo de mi querido piso y me encamino a la plaza. Cualquiera me llamaría loca yendo a pie hasta allí desde el puerto, pero, como ya os dije, prefiero ir caminando.
Llego pasados veinticinco minutos, y el demonio todavía no ha llegado. Ahora que lo pienso…tengo que preguntarle su nombre. Igual que Aszarok, lo mismo me echa en cara que ``el demonio tiene nombre ´´. Me siento en un bar que hay cerca y espero.
De pronto, una voz me sobresalta.
-¿Qué le pongo, señorita?
Me giro, y veo a un camarero. Bueno… ¿por qué no? Seré una Valquiria, pero me ha llamado ``señorita ´´. Por abusar un poquito…
-Sí, una Coca-cola, por favor-pido educadamente, sonriéndole.
El camarero lo apunta en su libreta y se va. De vuelta a la espera del demonio.
Pronto, vuelve el camarero con mi bebida.
-Muchas gracias-digo, sirviéndome en un vaso la Coca-cola.
Él me sonríe y se da la vuelta. Le doy un sorbo a mi bebida. Pero, entonces, el camarero se vuelve de nuevo a mirarme.
-Oiga…-me dice, un poco tímido-¿Usted y yo nos hemos visto alguna vez?
Intento recordar. A ver…Tiene ojos azules…cabello rubio….no, no me suena. Si le hubiera visto alguna vez, seguro que me acordaría de esos impresionantes ojazos.
-No, lo siento-respondo-. Me confundirá con otra persona.
-¿Estás…segura?
De repente, su rostro se transforma. Sus ojos se vuelven verdes, y su cabello, completamente negro. Su nariz se achata y su boca se alarga en una maléfica sonrisa.
Oh, no. He caído en la trampa. De pronto, el nuevo rostro del camarero me sorprende. Parpadeo, perpleja.
Es Askarok.
Siento miedo. Confusión. Y, sobre todo, un sentimiento de vergüenza horrible. Es humillante. ¿Cómo he podido dejarme engañar? El mismo demonio al que acorralé ayer me acorrala hoy a mí. Me maldigo a mí misma por no traer mi queridísima espada. Intento levantarme, pero entonces él desenvaina la espada y me arrincona contra la silla. Alza su espada demoníaca y ya sólo puedo esperar.
Cierro los ojos, y rezo para que la muerte me llegue rápida e indolora. La espada me roza el costado y quema mi piel dolorosamente. Duele. Chillo sin poder evitarlo. Entonces, ocurre algo inesperado. Una segunda espada se interpone entre Aszarok y yo y detiene su espada. Aszarok pone una cara de fastidio, y entonces es cuando siento ese calor que caracteriza a los demonios y su brillo rojizo en los ojos. Está furioso, y se nota. Mi salvador lo empuja y ambos empiezan un combate. Se mueven a la velocidad de un rayo, y apenas consigo distinguirles. Entonces, para mi asombro, descubro que el que me ha salvado es un demonio. Dos demonios, luchando por mi muerte o por mi vida. Es abrumador.
Uno de ellos consigue apuñalar al otro, y se me encoge el estómago de angustia. Como son demonios, no puedo distinguirlos, ya que ambos poseen las mismas rarezas. El triunfador se vuelve para mirarme.
-¿Estás bien?-me pregunta… ¡Por el martillo de Thor, es…! Bueno, es el demonio que…me ha salvado. Al que llamé esta mañana. Sin duda. Es él. Precisamente el demonio con el que me ``peleé ´´ esta misma mañana por teléfono me acaba de salvar la vida. Me llevo las manos a la herida, porque aún así, es lo único que podía matarme, y no se cura tan fácilmente. No es muy grave, es superficial, así que sólo tendré que vendármela. Le miro, desconcertada. Todavía no me creo que un demonio me haya salvado la vida, cuando yo misma he matado a docenas de ellos.
-¿Te ha hecho daño?-me vuelve a preguntar. No soy capaz de articular palabra, así que retiro mis manos y dejo que él mismo lo juzgue. Se rasca la barbilla.
-No es grave, pero…claro, era lo único que podía matarte-murmura para sí-. No es grave. Te la vendas y en dos semanas estás curada. Pero no podrás hacer gran cosa…en fin, tendré que hacer de niñera. Precisamente de una Valquiria.
Entonces, reacciono. Ni hablar. ¿Cuidarme, un demonio? ¡Por encima de mi cadáver!
-¡Ni soñarlo!-exclamo. Me duele, pero aun así me levanto-Sé cuidarme yo solita, así que no necesito que un demonio del tres al cuarto me cuide.
Él se encoge de hombros.
-Me da lo mismo. Podrás cuidarte, pero no sé cómo te vas a defender con una herida en el costado.
Dudo. No sé qué hacer. Por un lado, tiene razón, pero…por otro lado, no necesito que me ayude ni me cuide… ¿o sí?
No. Jamás. Nunca. Antes, que me claven mil agujas en los ojos.
-Me ayudarás, tal y como dijiste-digo muy lentamente; me cuesta hablar, y respirar-. Pero la herida me la curaré yo. He tenido cosas peores. Y además, no me ha tocado ningún órgano vital, así que no hay problema.
El demonio se me queda mirando. No soporto que me miren así. Me revuelvo, incómoda. Él parece volver a la realidad, y reacciona.
-Está bien-dice finalmente-. Supongo que no había otro remedio.
No, no lo había. Pienso, enfurruñada.
Nos vamos de vuelta a mi piso. Al principio me resistí en volver, pero entonces me di cuenta de que la herida se abría con más velocidad de lo que pensaba. Todavía me está sangrando.
-¡Ay!-chillo cuando el demonio este me echa un líquido que no sé qué es.
-Estate quieta-refunfuña él.
-¿Cómo me voy a estar quieta con eso que me estás echando? ¡Au!
Aguanto un último grito y espero mientras él va a por vendas. Respiro hondo, mientras el dolor se va calmando poco a poco.
Él vuelve. Durante los cinco minutos que tarda en vendarme, permanezco en silencio, hasta que una pregunta que me atormentaba desde hace días vuelve a mi mente.
-Por cierto…-digo-¿Cómo te llamas?
El demonio ni se gira para mirarme.
-Alexander-me responde. Pongo cara de desconcierto. Demasiado sencillo para un demonio.
-Oh, venga ya-contesto-. Yo me esperaba algo más…complicado.
-Ese es el problema de las Valquirias. En un mundo de humanos, hay que tener nombre humano. Y no os preocupáis ni lo más mínimo de que cualquier día os pueden descubrir.
Sigo sin entenderlo. ¿Para qué un nombre humano si ninguno se digna a mirarte?
Alexander lanza un suspiro exasperado.
-A ver, ¿recuerdas al demonio que te atacó esta mañana?
-¿Quién, Aszarok?- Todavía me acuerdo de él. No entiendo por qué volvió, pero no es algo de lo que me tengo que preocupar ahora.
-Ese mismo. ¿Crees que podría ir diciendo por ahí que se llama Aszarok y que es un demonio al que lo único que le importa es ver sangre de Valquiria en el filo de su espada?
Menuda pregunta. Creo que ya lo voy pillando. Los humanos-no entiendo por qué- nunca han mostrado gran interés por nuestras espadas, ni siquiera las miran. A pesar de todas las leyendas, historias y cuentos, cuando pueden ver una espada demoníaca de verdad, ni se dan cuenta de que está ahí hasta que la sienten contra su propio corazón, apuñalando su cuerpo. Siento un debido respeto por ellos, la verdad, pero, si os soy sincera, son un poco… ¿Cómo decirlo? Tal vez, insignificantes. O, tal vez, simplemente, despistados.
-Ah, claro-contesto, pensativa-. Creo que ya lo entiendo. Nos miren o no, cualquier ser de nuestra raza, demonio o Valquiria, necesita una identidad para pasar desapercibido en este mundo de humanos.
-Exacto.
Alexander se levanta, dando por terminado el trabajo de vendarme. La verdad es que, con la charla, se me ha ido pasando el dolor y se ha convertido en una especie de molestia sin importancia. Jamás imaginaría que fuera a tener a un demonio curandero en mi propio piso, el cual, además, me ha salvado la vida.
-Pues esto ya está-celebra, triunfante.
Nos quedamos en silencio. Se me hace incómodo, porque de nuevo se me ha quedado mirando de esa manera tan pensativa. Sin poder evitarlo, bajo la cabeza tímidamente.
-Jamás pensé que diría esto, pero-digo lentamente-… gracias por salvarme la vida.
Pero él sacude la cabeza.
-En realidad no te he salvado ni nada por el estilo-me aclara. Supongo que tendré que acostumbrarme: decir ``de nada ´´ o despedirse por teléfono no es algo que les pegue a los demonios-. Piénsalo. Si tú mueres, no habrá esperanzas para Odín ni para su hijo, y si Odín muere, todas las Valquirias moriréis con él. Y… ¿sabes qué será de los demonios? Moriremos. Suficiente hemos tenido ya con la extinción de los ángeles. Demasiado aburrimiento. Y además… sería todo culpa mía, y no estoy dispuesto a que millones de demonios moribundos por el aburrimiento me torturen. Así que, antes de salvarte a ti, me he salvado el pellejo a mí mismo.
Me he quedado perpleja. ¡Pues sí que sabe replicar bien este demonio! Debería haberme pensado mejor lo de darle las gracias. Bueno, ya lo sé para otra ocasión.
-Tienes razón-no tengo ganas de discutir, estoy cansada y herida, así que me limito a seguirle la corriente. Me pongo de pie a duras penas.
-Entonces… ¿a qué esperamos?-no tengo fuerzas para nada, pero aún así quiero ponerme en marcha cuanto antes.
Él me mira desconcertado.
-Esperar a que te cures, desde luego-me responde-. Con eso en el costado eres totalmente inútil.
Menuda educación. Me repito a mí misma que es un demonio.
-Pues vaya.
Nuevo silencio. Pienso qué podríamos hacer. Tiene toda la razón del mundo, la verdad; una herida de espada demoníaca era lo único que me faltaba.
-Entonces, ¿qué hacemos?-pregunto.
-Pues tú en tu casa y yo en la mía-me responde. Me quedo atónita. Parpadeo, perpleja.
-¿¡Qué!?-chillo-¡Te crees tú que voy a hacer lo que tú digas! Me he hecho esto por tu culpa, si no me hubieras obligado a ir desde el puerto hasta la plaza no me habría atacado ese estúpido de Aszarok. Así que no me digas eso de ``tú en tu casa y yo en la mía ´´, porque ya me estoy poniendo de los nerv…eh, ¿adónde vas?
Alexander sale de la habitación tapándose los oídos.
-A donde no estés tú dando chillidos-me espeta con descaro-. No estoy dispuesto a aguantar a una Valquiria herida pegando gritos. Me largo.
-¿Qué?-repito-Tú no te vas de aquí hasta que yo lo diga.
Intento salir corriendo detrás de él, pero me cuesta tanto que él se va. Me quedo sola en mi piso. Suspiro. Por la mano cortada de Thor, no me puedo creer que se haya marchado así, sin más. Qué se le va a hacer… al fin y al cabo, es un demonio.
Vuelvo a mi habitación. Me tumbo en mi cama y espero a que el sueño me haga milagros y pueda dormir.
Me despierto más tarde con el sonido del móvil. Con un soberano esfuerzo consigo incorporarme, y lo cojo. Soporto como puedo el dolor y descuelgo.
-¿Diga...?
-¡Éthara!-grita Ozkora al otro lado de la línea.
-Así me suelen llamar, sí-bromeo-. ¿Qué te ocurre?
Ella suspira.
-Menos mal que estás bien-suspira, aliviada-. He oído rumores de que te habían atacado, y...
-Pues no se equivocó el que te lo contó- contesto-. Quedé con alguien que podía ayudarnos con lo de Odín, y un demonio me tendió una trampa. Tengo una herida, pero no es grave...
-¿¡Cómo que no es grave!?-estalla mi amiga y superiora-Éthara, ¡podrían haberte matado! ¿Sabes lo que hubiera pasado si...?
-Sí, vale, Ozkora-la interrumpo-, ya me conozco el royo de `` ¡Era lo único que podía
matarte!´´. Sé cuidarme yo solita, ¿vale? Además, ya te he dicho que no es grave, de aquí a una semana o así la herida habrá sanado, y yo podré volver a la investigación, y encontraré la forma de salvar a Odín y matar al secuestrador de Thor. Confía en mí. Sabes que no me voy a rendir por un arañazo de nada. Ya te llamaré.
-Está bien...pero cuídate.
-No hay problema-sonrío.
Cuelgo.
Me quedo pensativa sin saber qué hacer. Es la primera vez en cien años que me hacen esto. Me limito a levantarme como puedo y ando hasta el ordenador. Algo de información sacaré... ¿no? Bueno, por lo menos lo intento. Y, aunque ahora mismo lo que necesito es reposo, no se me quita del cuerpo una extraña sensación de inquietud.
Busco ``demonios poderosos ’’ (sí, vale, no es muy ingenioso, pero algo tenía que poner).
Así que en mi primera tarde desperdiciada me limito a navegar por Internet.
Espero sinceramente que os haya gustado.
*Almalual.
Si, eres una experta en dejar con "la intriga wajajaja xD", una intriga bastante extraña, pero que se le va a hacer ;-P
ResponderEliminarYa me has enganchado xD. Enhorabuena por tu entrada, me ha gustado de verdad.
Saludos!
xDD ¿demonios aburríos? me parto! y aburríos porque al final los seres humanos son más malos q ellos mismos, y se mueren de aburimiento, ¡quéee weenooo! juas juas juas!
ResponderEliminarMi abuela me decía un refranillo q decía q "el demonio cuando no tiene na que hacer mata moscas con el rabo!" jajaja, va a ser verdad lo de los demonios con aburrimiento.
Y vaya tela con los nombrecitos de los demonios, se me pone la boca al intentar pronunciarlos q parezco un pez globo con la atiborrao de patatas calientes y al pronunciar las espurreo todas. xD
En fin, estoy deseando el siguiente capítulo a ver q le salió a la señorita valkiria en el google al escribir "demonios poderosos", seguro q le salió Bush, no éste está jubilado ya, posiblemente es demonio aburrido. O el presidente de Israel, Benjamín Netanyahu... Aunq éstos son sólo marionetas en manos de los verdaderos demonios q son los dueños de las Multinacionales o los Señores de la Guerra q son los que traen en jaque a toda la humanidad.
Lo dicho, deseando estoy de ver cuales son esos demonios poderosos q encontró Éthara.
saludos fusívos!! >:o]
Pues supongo que sí,Perga,que al final somos los humanos los peores y a los pobres demonios los hemos dejao matando moscas con el rabo... (curioso el ''refranillo'',¿no?xD)
ResponderEliminarSupongo que en eso de los ''demonios aburríos'' me inspiró mi queridíííísimo hermano,que de vez en cuando(muy de vez en cuando,dicho sea de paso...)se aburre bastante...y adivinad quién lleva la peligrosa misión de desaburrirlo...¬¬
Hay veces que me siento como una Valquiria.
Anda,sí,deja a Bush tranquilo que suficiente hizo ya...
Uf,sí,reconozco que en lo de los nombrecitos me he pasao un ''pelín''...ya me lo habían advertido,que tenía yo mu mala leche para ponerle esos nombres a los pobres,pero qué le vamos a hacer...ellos se lo han buscao.Por malos.
Bueno,gracias por el apoyo...
Besitos garrapiñados,
Almalual.