domingo, 30 de agosto de 2009

Capítulo 4, ''La décimo tercera Valquiria''

¡Aquí tenéis el Capítulo 4!Sé que he tardado mucho en ponerlo,pero como soy mala y cruel os he echo esperar un poquito...;-)


-''Confía siempre en tu corazón ''…-susurro.
-¿Qué? ¿De qué hablas?-me pregunta Alexander, aunque yo no estoy segura de poderle responder. Le miro, y por primera vez le veo sorprendido por mis lágrimas.
-Alex...es la espada de mi madre.
Él frunce el ceño y se acerca a mirar.
-¿Te llamas como tu madre?
Yo asiento con la cabeza, secándome las lágrimas.
-El dueño de este lugar…-balbuceo, sin poder apenas articular palabra-Seguramente le mató…o cualquier demonio de aquí…
Toso. Entonces, Alex me rodea los hombros con un brazo, y me atrae hacia sí. Es la primera vez que un demonio me abraza, pero hace más de mil años que no siento contacto con nadie. A pesar de que entre Valquirias nos ayudamos mutuamente, Ozkora y yo nunca nos hemos tocado, ni un abrazo siquiera. Desde que murieron mis padres, he estado sola. Le devuelvo el abrazo a Alex, que está completamente serio, y empiezo un sollozo silencioso, el primero desde hace mil años.
Soy lo suficientemente Valquiria como para que una parte de mí quiera apartarse de ese abrazo y lo suficientemente humana como para desearlo más que a nada en este mundo.
-¿Eras joven cuando la perdiste?-me pregunta él.
Yo asiento de nuevo, moviendo la cabeza.
-Cincuenta y siete-respondo.
Creo que le sorprende, pero no estoy segura, porque no le veo la cara.
Me limpio las lágrimas con la manga, y me separo de él.
-Vamos. Debemos coger mi espada e irnos.
Alex no me responde. Se agacha junto a la vitrina de mi espada e inspecciona la cerradura, que es una pantallita para la huella dactilar y botones con números del uno al nueve. Después de mirarla varios segundos, desenvaina su espada. No se anda con miramientos: la destruye. Le miro.
-¿Por qué no rompes la vitrina en vez de romper la cerradura? Más rápido y eficaz, ¿no?
-Ya, pero ¿y si tiene un dispositivo de seguridad y nos delatan?
Desgraciadamente, hasta la cerradura tiene uno…solo que silencioso. Por eso no nos damos cuenta de que lo tiene hasta que llegan diez humanos y 5 demonios, que nos rodean en la estancia.
-¡Rápido, coge la espada! –me grita Alexander. Obedezco al instante, y veo cómo él empieza a luchar contra dos demonios a la vez. Temo que no lo consiga. La verdad es que yo no estoy en condiciones de pelear, y menos contra tantos demonios. Pero cojo mi espada, y me enzarzo en nuestro intento de salir de aquí con vida. Me muevo todo lo rápido que puedo, esquivando ataques y embistiendo contra nuestros enemigos. Con los humanos no tengo problema, todos caen bajo mi espada. Pero los demonios…bueno, hay alguno que otro que no llega al centenario, jóvenes e inexpertos, pero fuertes y vivaces. Cuatro humanos y dos demonios jóvenes no sobreviven contra mí. De los demás se encarga Alexander. Él y yo sonreímos. Sin embargo, creo que ha sido demasiado...fácil… ¿no? Bueno, todos eran o humanos o demonios jóvenes con solo unos pocos cientos de años, pero…me extraña que para la seguridad de las espadas conquistadas hayan escogido soldados tan…débiles.

Salimos de la habitación, intentando no llamar mucho la atención.
Se me ocurre una idea.
-Oye-le digo a Alexander-, ¿por qué no adoptas tu forma inmaterial? Así, por lo menos los humanos no podrían verte.
Alexander me mira con esa forma tan peculiar, embobado, pensativo (esa forma de mirar que odio tanto). Me mira triste, y la verdad es que es el primer demonio que no es frío y distante, sino que mira y siente como los humanos o las Valquirias…Él vuelve a la realidad.
-Digamos que es más difícil para mí hacer eso. No lo pienses mucho. Es, simplemente, que no puedo, y ya está. Vamos, salgamos de aquí.
No pregunto más. Creo que tiene razón, así que lo mejor es no sacar más el tema.
Salimos de la habitación, y de repente, Alexander ahoga un grito, conteniendo la respiración. Me vuelvo hacia él, y la verdad es que me gustaría no haberlo hecho.
Porque otro demonio atraviesa a Alexander con una espada y éste cae al suelo, herido.
-¡Alexander!-chillo, sin poder evitarlo. Me doy cuenta que quien le ha atacado es Darvat.
Sin embargo, el demonio no parece satisfecho. Se acerca a mí con su espada, amenazante.
Estoy apunto de desenvainar mi espada, pero me quedo atrás. Otra espada le atraviesa.
Su rostro inerte me mira, sorprendido, antes de caer al suelo, completamente muerto.
No me molesto en mirar quién me ha salvado. Me arrodillo junto Alexander y examino su herida.
-Oh, por el poderoso Odín…-musito con un hilo de voz.
Le tomo el pulso…está vivo, pero apenas respira.
El asesino de Darvat se arrodilla también, a mi lado.
-¿He llegado tarde?-su voz es suave, voz femenina, una voz encantadora.
Me muerdo el labio inferior, sin escucharla apenas, sin mirarla. De nuevo, mis ojos se llenan de lágrimas, y en mi mente se forma una oración valquírica, que recito sin hablar, y rezo para que se salve.
Me vuelvo hacia ella.
-¿Quién eres?-le pregunto. Tampoco es que me interese mucho.
-Eso no importa ahora-me contesta ella-. ¿Respira?
-Sí, pero…
Me quedo muda de asombro cuando ella extiende sus manos y las coloca justo por encima de la herida de Alexander, sin llegar a tocarla. Y entonces, sus manos brillan, y la herida empieza a sanar. Quedo boquiabierta.
Alexander abre los ojos y se incorpora de golpe, respirando una bocanada de aire.
Como siempre, no puedo evitarlo. Digo en mi defensa que soy muy sensible, y hacía tiempo que no sentía ni tenía tantas emociones. Me abalanzo sobre él y le abrazo con fuerza. Él me devuelve el abrazo.
-Yo…pensé que no…-tartamudeo. (¡Menuda impresión estoy dando…!)
-Sshhh…lo sé. Tranquila.
Me separo de él y miro a su salvadora.
-No sé quién eres, pero…-le digo, pensando para mí misma lo mucho que le agradezco que le haya salvado-Gracias.
Ella me sonríe, y por primera vez desde que llegó, me fijo más en cómo es. Tiene los ojos azules, rubia, pelo largo y ligeramente rizado por las puntas. Ella y Alexander se quedan mirando.
-¿Quién eres?-le pregunta él,al igual que yo.
-Lo único que puedo deciros-contesta ella, levantándose-es mi nombre. Me llamo Alice.
Alex y yo también nos levantamos. Supongo que lo menos que puedo hacer es decirle mi nombre:
-Yo me llamo…
-Éthara-me interrumpe. ¿Por qué todo el mundo sabe mi nombre antes de decírselo yo?-He oído hablar de ti. Vamos, tengo que sacaros de aquí.
La verdad es que ella tiene algo…no sé, algo extraño. Algo diferente. Pero no me preocupa. Ahora mismo lo único que me alegra es que Alex está vivo.
Viste con una túnica blanca, completamente lisa, sencilla, una preciosidad. Sus pies descalzos, de piel blanquecina,acarician más el suelo que pisarlo. En su brazo resalta a la vista un brazalete de oro.
Por el camino nos vamos encontrando a algún que otro humano o demonio, pero Alice los abate con su espada. No hay problema, porque (hay que admitirlo) es bastante buena peleando, y también muy buena persona. No sé por qué, pero me recuerda a algo o a alguien…
Bah, da igual. Esa no es la cuestión.
De pronto, me doy cuenta de una cosa. No estamos saliendo de aquí.
¡Estamos entrando! En medio de una lucha contra unos de demonios, voy hacia Alice.
-¿Qué estamos haciendo?-exclamo,alzando mi voz por encima del ruido del choque de espadas y gritos agónicos de dolor-¡No estamos saliendo!
-¿Tú no eras quien debía salvar a Odín y a su hijo?
Me quedo un poco sorprendida. Casi había olvidado mi misión.
-Ya, pero…
-¡Cuidado!
Un demonio me embiste por detrás. Por suerte, y gracias al aviso, logro esquivarlo y clavarle mi espada en la espalda. El demonio cae muerto a mis pies.
No hago más preguntas. Creo que lo que me ha dicho es suficiente. Si ella tiene las ideas más claras que yo, mejor. ¡No hay problema!
Vamos dejando atrás decenas de cadáveres de demonios y humanos, en los que, de vez en cuando, hay una chica. Por fin caminamos por un largo pasillo, tranquilos; todo silencioso. En ese momento Alice da un respingo y se da en la frente con la palma de la mano.
-¡Casi se me olvidaba!-exclama, mirándome.
Se acerca a mí y alza las manos, hasta la herida que produjo Aszarok en mi costado antes de morir. Noto cómo la herida comienza a sanar tras un brillo, debajo de la sangrienta venda.
-Caray…-musito, maravillada.
Ella sonríe; supongo que esta acostumbrada a que todo el mundo se sorprenda por sus habilidades curativas. Yo me quito la venda y las mangas de la camisa de Alex, ya inservibles y empapadas en sangre.
-¿Cómo puedes…?-pregunto, o intento preguntar, parpadeando perpleja.
Su sonrisa se hace más amplia a medida que vamos andando.
-¿Que cómo puedo hacerlo?-termina mi pregunta-Pues…es difícil de explicar. Antiguamente las Valquirias llevaban al Valhalla a los heroicos caídos en la batalla y allí los curaban deleitándolos con su belleza, ¿no? Pues digamos que yo soy una especie de Valquiria curandera pero sin Valhalla.
Buenooo…no se ha explicado del todo bien, pero…más o menos, se le ha entendido.
En fin…continuamos nuestro ''paseo'' silenciosamente, hasta que noto la mirada de Alexander posada en Alice, con gesto pensativo, como cuando se me queda mirando a mí. Me pica la curiosidad, así que retrocedo y me pongo a su lado.
-¿Ocurre algo?-le susurro.
-No, pero…-titubea-No sé, me recuerda a alguien…
-O a algo-asiento-. Sí, a mí también. ¿Quién crees que puede ser?
Él se rasca la barbilla, meditando.
-No tengo ni idea-admite finalmente-. Pero tranquila, lo averiguaremos.
Satisfecha con la contestación, me vuelvo a adelantar unos pasos hasta llegar junto a Alice.
-¿Algún problema?-me pregunta, un tanto nerviosa.
Me apresuro a sonreír y a contestar lo más tranquila posible:
-Em…no, no, ¡todo va de maravilla!
Ella parece contenta con mi respuesta.
Qué mala soy mintiendo. ¿''Todo va de maravilla''? Soy pésima en lo que más tengo que poner en práctica.
Por fin llegamos hasta una enorme puerta de hierro, oxidada e increíblemente vieja. Pero Alice desenvaina su espada y la rompe de un solo golpe. Por cierto…¿por qué tiene ella una espada? Cierto es que no me preocupa. Más adelante lo sabré.
Así que traspasamos la puerta, ahora destrozada. Nada más entrar por ella, nos recibe un estrecho espacio oscuro, lleno de telarañas, como en las películas de miedo. Un escalofrío me recorre la espalda.
-¿Dónde estamos?-me atrevo a preguntar.
Ella obtiene un gesto y posición solemne, como recordando algo importante.
-En las mazmorras-me contesta.
-¿Y a qué hemos venido?
Ella me mira como si yo fuera tonta. Ah. Ya. Me contesta de la única forma que se podía responder:
-A sacar de aquí a Thor, por supuesto.
Me empiezo a imaginar a Thor. En muchas historias de cómics, se describe a Thor como el gran superhéroe de Marvel, Dios del Trueno, creado por Jack Kirby y Stan Lee. Se supone que viste con el típico traje de superhéroe, con (cómo no) cinturón mágico y su martillo eléctrico. Domina el clima, así como el rayo, o la tormenta. Muy poderoso, según dicen, de melena rubia y corpulento. Pero, ¿cómo será en realidad? No sé si quiero descubrirlo, la verdad.
Es difícil de explicar. Conocer a un Dios…es demasiado.
Pero ya no hay marcha atrás. Acepté hacer esto, y lo voy a hacer. Así que avanzamos por las pequeñas cárceles, todas solitarias, u ocupadas por los cadáveres mugrientos de antiguos presos, ya olvidados, que nadie quiso recoger.
Alice nos conduce hasta una celda, que no parece diferente a las demás. Desenvaina la espada y rompe la cerradura con un estruendoso repiqueteo del candado estropeado contra el suelo. Yo, entonces, recuerdo lo que me dijo Alexander mucho antes, y es que podrían habernos detectado con ese gesto.Él advierte mi mirada de preocupación, pero se encoge de hombros.
-No importa-me tranquiliza-. Seguro que ya nos tienen localizados...quizá hasta nos deben estar esperando.
Así que entramos en la celda. Está todo oscuro, así que no consigo ver a ningún Thor.
Alice no se anda con miramientos.
-¡Thor!-grita-¡Sal de donde estés! Hemos venido a sacarte de aquí.
Una voz ronca le responde fríamente:
-¿Quién eres?
Y a pesar de que tanto Alice como yo sabemos que no le hará caso, ella sigue intentándolo.
-Soy…-traga saliva, incómoda; es la quinta vez que alguien le hace la misma pregunta-Una amiga.
La voz se ríe.
-¿Una amiga?-repite, burlona-¿Sabes acaso cuántas personas me han dicho eso y luego me han traicionado?
Sacudo la cabeza. ¿Cómo puede ser tan arrogante? Vale, está en su derecho, le han encerrado aquí aún siendo un Dios, pero…Me adelanto unos pasos.
-Mi señor-comienzo a hablar, decidida-. Me llamo Éthara, y fue su mismísima madre fue quien me encomendó la tarea de rescatarle. Su padre, Odín, está enfermo debido a un mortal virus que puede acabar con su vida. He sido herida y curada por una completa desconocida que aún así me está ayudando. He sido raptada y atada entre serpientes, que como usted bien sabe, es el animal que más odiamos las Valquirias. He llegado incluso a recurrir a la ayuda de mi mayor enemigo, un demonio, y teniendo en cuenta que soy una Valquiria, ¿no cree usted que debería confiar en mí? De cualquier modo, pido disculpas porque haya tenido que pasar aquí todo este tiempo.
La voz no responde. (¿Me habré pasado con el discurso?)
-¿Mi señor…?-me atrevo a decir.
Al fin, la voz contesta, y su portador se muestra a la luz:
-Hacía tiempo que nadie me llamaba como ''usted''-bromea- Gracias, Éthara.
¡Bien! Thor no se muestra muy diferente a como lo nombran: rubio, ojos claros, expresión dura y facciones rudas. Me equivoqué en cuanto a la ropa; viste con una camisa totalmente normal, gris, y unos pantalones negros, que también pasarían como normales de no ser por los jirones de lo que en un momento fue su ropa y su camisa manchada y completamente rota. Al levantarse intenta ponerse un poco mejor sus ropas totalmente desgarradas y viejas.


Por primera vez, tengo delante de mí a un Dios.

Espero sinceramente que os haya gustado.

Saludos,

*Almalual.

3 comentarios:

  1. Bien llegado a éste punto te comento.
    cuando leí lo de q a Ethara la habían atado con serpientes, pensé en la divertida historia de "los perros atados con longanizas", ejejej
    lo del señor Thor vestido con sus gironados pantalones negros y una camisa gris, tb me ha hecho gracia, yo tp me lo esperaba así, creí q aparecería como Esautomatix

    Por cierto, con respecto a las serpientes, sabías q en muchas culturas las serpientes son consideradas deidades de la vida y la naturaleza? fue a lo largo de la historia q fueron demonizadas por algunas religiones, pero lejos de representar el mal, representaban todo lo contrario, a mi particularmente no me producen rechazo, a no ser q sean veneosas, claro y sólo por el veneno, ni mucho menos por su aspecto, suelen tener una bonita piel nada viscosa, bien al contrario agradable de tocar (he tenido alguna q otra en mis manos).

    por último. las anotaciones q haces en rojo, si las pusieras en amarillo o en otro color, se leerían mucho mejor.

    A la espera del siguente capítulo, Alma. siempre lo dejas en el momento más intrigante.

    saluditos >:0]

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  2. Hola,Perga!^^Otro comentario tuyo,qué alegría.

    Uff...¿Esautomatix?He abierto la foto y me ha entrao la risa tonta... xP Bueno,en un tiempo feliz,cuando no le habían secuestrado y a su padre no le habían envenenado,a lo mejor fue así.¿No?

    Pues la verdad,a mí tampoco.De hecho,me gustan bastante.Como ya he dicho,con poca edad tuve una alrededor del cuello,y aquí estoy,sin traumas ni nada...pero me pareció un detalle bueno para añadirlo a la historia.Me basé, principalmente,en el punto de vista de la Biblia(la manzana prohibida,la serpiente mala..).

    Vale,gracias por el consejo.^^Pondré las letras en otro color...ya me las apañaré.

    Saludos,

    Almalual.

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  3. Ah,y lo de las ropas de Thor...
    Tenía que darle ambiente...pobre,está encerrado y eso.No podía ponerlo vestido de gala.Tenía que dar pena,que se note que es un preso!

    Almalual.

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