Empezamos Septiembre,y con él,el capítulo 5:
Sin poder evitarlo, desenvaino mi espada y me arrodillo ante Thor. Él sonríe.
-Levántate, Éthara-me ordena suavemente-. No tienes por qué hacer esto.
Me levanto, obedeciéndole.
-Mi señor, ¿por qué no debo arrodillarme? Es mi deber, y un honor estar aquí con usted.
Pero Thor niega con la cabeza y su sonrisa se hace más amplia.
-No, Éthara-me dice, mientras apoya su enorme mano en mi hombro-. Tú no estás aquí conmigo por obligación, y precisamente por eso no me debes honor ni fidelidad. Estás aquí porque tu corazón te lo dijo. Confiaste en tu corazón…igual que tu madre.
Y con esas últimas palabras, sale de la celda. Me quedo un poco confusa, pero acepto su compostura. Es mejor no contradecir a un Dios. Sobre todo si tiene razón.
Si sabe algo sobre mi madre, no tardaré en descubrirlo.
Lo que más me indigna de todo esto es que Alice no se ha sorprendido en absoluto al ver al hijo de mi gran Dios escandinavo. A lo mejor incluso ya ha visto a otros Dioses, pero… ¿tan cerca? Y en sus peores condiciones. En fin… ya averiguaré cosas sobre ella.
Me acerco a nuestra salvadora.
-¿No te sorprende conocer a un Dios?-le pregunto procurando que Thor no me oiga.
Ella se encoge de hombros.
-Lo íbamos a conocer de todas formas, así que…no me preocupa. Está de nuestra parte, y eso es lo importante.
Guardamos un pesado silencio mientras atravesamos de nuevo el pasillo, y no puedo evitar romperlo.
-Y ahora, ¿hacia adónde vamos?
Thor pone cara de asco, y me contesta secamente:
-A quitarles a esas alimañas lo que es mío-responde; seguramente se refiere a los demonios(los cuales todavía no he tenido el ``placer ´´ de conocer).
Thor, delante de nosotros, se para enfrente de una puerta.
-¿Por qué nos par…?-empiezo a preguntar, con curiosidad, ya que al parar, choco contra Alice.
-Ssssshh…-me interrumpe mi Dios-Tengo que asegurarme de que no hay nadie, o nos descubrirán…
Nada más decir eso, noto algo punzante sobre mi espalda y una mano que me tapa la boca por detrás. Intento avisar a Alexander, pero parece que mi agresor se da cuenta, porque me clava más su espada, cuchillo o lo que sea. El objeto me quema la piel, así que seguramente será una espada demoníaca, lo cual me asusta. Veo por el rabillo del ojo que unos demonios también agarran por detrás a mis acompañantes, incluyendo a Thor.
Genial. ¡Nos han pillado! Nunca habría imaginado que me pasaría algo así…pero ya estaba hecho.
Los doce demonios y tres humanos nos llevan a una celda, justamente el mismo sitio del que hemos sacado a Thor. Como en cada una sólo caben dos personas, nos encierran por separado: Alexander y yo en una, y Alice y Thor en otra. Nos quedamos en silencio.
-¿Cómo ha podido ocurrir esto?-murmura Alexander, sobresaltándome.
Me encojo de hombros, quitándole la mucha importancia que tiene.
-Nos han pillado-resumo-. Y ya está. Cualquiera lo hubiera hecho si…
-No me refiero a eso-me interrumpe, sacudiendo la cabeza.
Enarco las dos cejas.
-¿Entonces…?
Él se queda pensativo mirando fijamente al suelo, pero finalmente vuelve a sacudir la cabeza.
-No importa-dice.
Pasamos un buen rato sin decir nada, ya que ninguno tiene nada que decir. Me viene a la mente una pregunta que estaba deseando preguntarle desde hace tiempo, y no dudo en formularla:
-¿Por qué eres tan…?-empiezo a preguntar, pero me cuesta decirlo.
-¿…sensible?-me ayuda él-¿Tan poco inhumano? En cierto sentido, ¿amable? Pues…-duda un momento, pero parece que mi curiosidad le da ciertas fuerzas para continuar-Verás. Mi padre era un demonio, no muy fuerte, un…digamos un ``demonio menor ´´. Sin embargo, era como tú, mataba a cualquiera que se le cruzara por su paso. Pero mi madre…mi madre era una Valquiria. Sensible, amable y servicial, pero sanguinaria y fuerte cuando era necesario. Desgraciadamente, me parezco más a mi madre que a mi padre…y por eso es por lo que muchas veces me quedo pensativo mirándote, que además sé que te molesta-sonríe, malicioso-. Me recuerdas a ella. Sí, sé que suena extraño que haya podido haber cierta unión entre Valquiria y demonio, pero, ¿por qué no? Si es amor, cualquier cosa puede valer.
Sin querer, me lo quedo mirando pensativa. Voy a abrir la boca para decirle una cosa justo cuando oigo un chasquido. Pego un respingo y me vuelvo hacia la puerta. Un demonio nos abre la puerta, moreno, ojos marrones, acompañado de otros tres demonios.
-¡Vamos, Valquiria!-me grita el que ha abierto la puerta-Mi señor quiere verte.
Me levanto a pesar de que no me apetece absolutamente nada acompañarlos. Alex también intenta venir, pero el demonio le apunta con el filo de su espada.
-Tú, no-gruñe, enseñando los colmillos-. Sólo ella y la otra chica.
Como ya podréis imaginaros, también sacan a Alice de su celda, y nos llevan a las dos, acorraladas por sus espadas, que se nos clavan en la espalda dolorosamente, hacia su Señor, al cual ni conozco, ni me interesa conocer.
En un momento de ligero despiste por parte de nuestros captores, consigo aproximarme hacia Alice, y le susurro al oído:
-¿Hacia dónde crees que nos llevan?-pregunto, hablando en voz baja.
Ella se encoge de hombros, hablando en mi mismo tono de voz.
-No sé,-me responde, frunciendo el ceño-pero sea quien sea su señor, debe de ser alguien muy importante.
Nos conducen por el larguísimo pasillo (que ya estoy un poco cansada de recorrer), pero esta vez entramos por una puerta enorme, imponente, en la que no me había finado antes.
Uno de los demonios golpea la puerta y ésta se abre al instante. Nuestros ojos se abren como platos al contemplar la increíble sala redonda que nos aguarda. Es parecida a esas de los castillos medievales, con su alfombra roja que conduce hasta el trono y los dos caballeros a los lados del trono…con la excepción de que este no tiene ventanas, sólo una lámpara de aceite en cada lado y que los escoltas no son audaces y apuestos caballeros, sino demonios. Y el que se sienta en el trono (que ni siquiera es trono) no es un rey con maravillosos ropajes…sino una alta y fornida (no acierto al averiguar si demonio o humano) persona…aunque no sé su sexo, ya que va cubierta con una capucha que le tapa la cara. Los demonios nos empujan para que quedemos arrodilladas ante su señor.
Uno de ellos se adelanta a arrodillarse ante el trono.
-Mi señor-dice solemnemente-. Estas son las prisioneras que nos encargasteis traeros. Una es Éthara, la Valquiria encargada de salvar a Odín y liberar a nuestro preso, Thor. La otra es una completa desconocida, pero un peligro para nosotros, ya que ayudó a la Valquiria y curó las heridas de los demás.
El poseedor del trono no articula palabra. Finalmente, se levanta.
-Gohan-(¿¡Gohan!?Así que este es el demonio del que me habló Alex…)-. Has hecho un buen trabajo. Serás recompensado.-Gohan sonríe, satisfecho.-Los demás, marchaos. Me quedaré asolas con ellas.
La verdad es que apenas puedo entenderle, ya que parece que lleva la boca tapada con algo, y por eso no puedo identificar su voz como femenina o masculina; Sus sirvientes demonios ya deben estar acostumbrados a ello, porque obedecen al instante. Cuando todos se van, él(o ella), Alice y yo nos quedamos solos. Nuestro gran captor empieza a andar de un lado para otro.
-Así que-dice el señor de Gohan dirigiéndose a mí- eres tú la encargada de trastornar mis planes, ¿eh? Y además te hemos cogido en mi propio escondite. Menuda Valquiria.
Alzo la cabeza, mientras ayudo a Alice a levantarse.
-Menudo demonio-le echo en cara.
Para mi sorpresa, él empieza a reírse a carcajadas. Alice y yo intercambiamos una mirada interrogante.
-Ah, no, no-me contesta secándose las lágrimas que le han provocado la risa-. Ni me compares con esos seres tan inferiores. No tengo nada que ver con ellos, no, querida.
Frunzo el ceño, desconcertada.
-¿Entonces, qué eres?-preguntamos Alice y yo, muy curiosas.
El rostro de nuestro captor se vuelve firme, duro, serio, y la verdad, (debo reconocerlo) tanto a Alice como a mí nos inunda el miedo, y recorre nuestras venas, las cuales parecen ir a derramarse en presencia de este individuo.
-Eso no te incumbe, preciosa-responde. ¿Preciosa? Odio que me llamen así-. De todas formas, lo sabrás. De momento, dedícate a callar y obedecer. Lamento decirte que tu querido Odín no vivirá mucho tiempo. Y Thor…menos todavía. Sobrevive, pequeña. Una mínima insolencia y una espada cortará tu cuello…pórtate bien, y tal vez perdone a tus amiguitos.
Ríe de nuevo, haciéndome perder los nervios. Mis ojos se llenan de lágrimas de rabia.
-¿¡Qué le has hecho a Odín, so idiota!?-exploto, enfadada-Maldito hijo de serpiente… ¡Pagarás por esto!
Dirijo la mano hacia mi espalda, buscando mi espada… Pero entonces recuerdo que me la quitaron hace mucho. Genial.Esto es estupendo. Estoy indefensa ante un gran ser (o lo que sea), totalmente esclavizada por éste,…y Alice no pone mucho de su parte. La miro, buscando ayuda. Ella se muerde el labio inferior, y niega con la cabeza.
¡Fantástico! No sé de qué nos sirve si no nos ayuda a combatir a nuestro enemigo.
Él vuelve a reír de esa forma que me inquieta tanto, y se da la vuelta, de nuevo a su trono.
-No intentéis detenerme-murmura, amenazador-. Para vuestro Dios la suerte se ha acabado. Sus días están contados, queridas… ¡Caput! Despedíos de él.
Caigo al suelo, abatida. Así que…todo esto… ¿ha sido inútil? El viaje, las heridas, el gran esfuerzo… Para nada.
Ni hablar. No me voy a rendir. Alice me intenta ayudar, pero la rechazo fríamente. Me levanto, cansada.
-No me voy a quedar atrás ahora, seas quién seas-le digo-. Nos ha costado sudor, sangre y esfuerzo descubrirte, y no nos vamos a parar ahora, ¿sabes? No, y menos por un estúpido ``señor ´´ que se cree que puede manipular a todo el mundo cuanto le dé la gana. Jamás.
Veo que sus hombros se encongen,de espaldas a mí.
-Como quieras.
De repente, se mueve como un rayo, rápido y eficaz hasta Alice, y su rostro se transforma. Sus facciones se marcan más, sus ojos se alargan y sus colmillos se afilan interminablemente.Ella abre desmesuradamente los ojos,pero la nueva criatura que se muestra ante nosotras no le presta atención a ella,sino a mí.
Un vampiro.
Me agarra del brazo, y me muerde en la muñeca. Chillo de dolor y me derrumbo en el suelo. Si Alice no me salva cuanto antes, moriré. La mano me sangra muchísimo, y siento que la vista se me nubla.
Genial. ¡Me estoy desangrando!¡Me muero! Me estoy muriendo…antes de perder el sentido, logro ver entre mi vista borrosa a Alice arrodillándose ante mí y varios demonios a nuestro alrededor.
Despierto en nuestro calabozo, y respiro de golpe una gran bocanada de aire. A mi izquierda está Alice, que suspira de alivio. Sus manos están en donde antes había una mordedura de vampiro. A mi derecha me encuentro a Alexander, que me sonríe nada más despertar. Miro a Alice, y me toco la mano donde debería estar la marca de los colmillos de nuestro captor.
-Esto se te da bien, ¿eh?-bromeo con ella. Sin embargo, su inquietud sigue ahí todavía.
-Medio muerta y con sentido del humor-bufa Alexander.
Pero Alice no parece muy contenta.
-Eh…-le susurro. En sus mejillas hay surcos húmedos, como si hubiera llorado hace un rato-¿Qué ocurre? ¡Estoy bien! Y me has curado, debería ser yo la que llorara. Me has salvado la vida, y tengo mucho que agradecerte.
Una nueva lágrima recorre su pálido rostro.
-P-pero…-tartamudea-Hemos estado a punto de perderte. Podrías haber muerto, yo…no me lo habría perdonado.
Se echa a llorar, y todos, más que pena, sentimos una extraña sensación de incomodidad. No sé, es…raro. Es como si todo se derrumbara alrededor cuando le ves llorar. Te sientes…perdido. Desamparo. Tristeza. Desesperación...
Le abrazo,y comprendo lo cansada que está,como todos.Quizás curarme esta vez ha sido un poco más difícil debido al agotamiento.
-Venga-acaricio su espalda con una mano y su melena rubia con la otra, calmándola-, no pasa nada. Ya verás como todo sale bien. No tenemos de qué preocuparnos…
Ella asiente, y deja de llorar. Me separo de mi salvadora y le miro a la cara.
-…Y creo que deberías decirnos quién eres de verdad-completo mi frase.
Ella duda, y la verdad es que no me extraña. Algo tan importante como la identidad, algo que las Valquirias somos incapaces de ocultar, es muy difícil de revelar…y más con alguien casi desconocido. Finalmente, baja la cabeza.
-Yo…-tartamudea-No sé si podré…me…me cuesta, y…
Suspira, cansada. Seguramente la han atosigado mucho con el detalle de quién es, ya que para un demonio o una Valquiria, llevar una espada significa ser un demonio o alguien como yo. Y si además su esencia no la delata, llama muchísimo más la atención todavía.
-Lo sé-repito-. Pero comprende que aunque nos hayas ayudado necesitamos saber quién eres. Siento preguntártelo tantas veces, pero…
-No,no, lo entiendo-me interrumpe-. De verdad, lo sabréis. Dadme un poco más de tiempo. Sé que es difícil, pero debéis esperar.
Aceptamos su respuesta un poco a regañadientes. Aunque si simplemente nos facilitara un dato…En fin. Si ha dicho que lo sabremos, estoy tranquila.
Aún me preocupa la mordedura del vampiro. Siempre pensé que fue un demonio poderoso el cual me había capturado, y ahora que he descubierto que no es así…
Se me ponen los pelos de punta cada vez que imagino de nuevo sus colmillos clavándose en mi piel. No sé por qué, pero este calabozo me debilita en cierto sentido. Es oscuro, no llega apenas aire porque no hay ventanas...
De repente recuerdo una cosa. Las desapariciones de Valquirias. Probablemente las capturaban, les arrebataban sus espadas…y después, ¿qué? No sé si quiero saberlo.
Miro a Alice. A ella este sitio no le sienta mejor que a mí. Está pálida, e incluso más delgada que antes, aunque hemos estado aquí apenas dos horas y media. Sus dedos están totalmente blancos y se afinan por minutos. Me acerco a ella con ademán preocupado.
-¿Te encuentras bien?-le pregunto, acariciándole suavemente la mano.
Ella me sonríe, aunque lamentablemente debido a su palidez su sonrisa ya no resulta tan bonita como antes. Asiente con la cabeza.
-Sí, gracias-me contesta con un hilillo de voz-. Es solo que este sitio me debilita…no entra luz, y eso me hace perder algo de vida, pero en cuanto salgamos de aquí estaré mejor.
Os preguntaréis por qué no utiliza su espada para sacarnos de aquí. Pues bien, ¿recordáis que os dije que mi espada era de un material difícil de encontrar y adquirir? Pues precisamente está hecho de ese material, imposible de romper por muchas espadas que se le pongan por medio. A mí mi espada ya me la han vuelto a conquistar,pero a ella no. Y por eso no podemos salir. Ojalá pudiera hacer algo por Alice, tiene un aspecto verdaderamente preocupante. Me siento junto a Alexander, apoyando la espalda en la pared. Suspiro, cansada.
-¿Cómo estás?-me pregunta con voz neutra. Me encojo de hombros.
-Bien-respondo. Tras una pausa, añado-¿Crees que saldremos vivos de esta?
Él suelta una pequeña carcajada.
-¿Vivos? Pues…no sé. Tal vez sí, tal vez no. Quién sabe-se encoge también de hombros, casi bromeando-, a lo mejor le damos pena y nos deja irnos.
Cierro los ojos, y empiezo a sentirme culpable. Sé que no debería, pero soy así. Siento como si todo esto hubiera sido culpa mía. Así que no dudo en pronunciar dos palabras que deseaban salir de mí desde hacía tiempo:
-Lo siento.
Él se vuelve bruscamente a mirarme.
-¿Por qué?-suelta,pero no me deja responder:-Fui yo quien irrumpió en tu piso obligándote a seguir la misión de Odín. Tú no tienes la culpa de nada, Éthara, ni se te ocurra pensarlo. Soy yo quien te saca de quicio y no te deja pensar bien, quien te metió en todo esto y te empujó a hacer lo que yo decía. Soy yo el culpable de tu encuentro con Aszarok, y después de ello te dejé sola en tu piso sin ayuda. Soy yo, Éthara. No vuelvas a sentirte culpable, no conmigo.
Sacudo la cabeza.
-¿Por qué siempre eres tan explícito?
Alexander se vuelve a encoger de hombros y devuelve su mirada azulada al techo de la celda.
-Nunca le pidas perdón a un demonio-me responde solamente.
Qué gracia. Suelto una carcajada, y con una sonrisa divertida dejo de mirarle.
Alice sonríe de repente, y señala con el dedo a Alexander.
-Un buen consejo-comenta, bromeando.
¿Sabéis qué? Debo admitirlo: si estuviera aquí sola no sería siquiera llevadero. Callada,cansada, sola y sin un hombro en el que apoyarme, sin nadie con quien reírme. Alexander ya es casi un amigo, o por lo menos alguien de confianza, y a Alice ya le debo un par de favores. En cambio, Thor no ha articulado palabra en todo este rato, aunque tampoco me importa. Ahora que tengo claro que seguramente seré devorada por un vampiro, y Odín morirá por mi causa, además de mis amigos, ya todo me es casi indiferente. Por lo menos moriré con personas con las que me siento bien, y además intentando hacer algo bueno e importante. Es mi único consuelo. Sin mi espada, que es parte de mí, me siento como si solo tuviera un medio corazón, indefensa, débil…Inútil. Inevitablemente, la historia se repite. De nuevo, estoy encerrada en un callejón sin salida. No me queda más remedio que esperar.
Tras un rato,Alexander,Alice y yo nos quedamos dormidos, apoyados unos en el hombro de los otros. Unos pasos me despiertan, y me incorporo, sobresaltada. Como me levanto demasiado rápido, me mareo, por lo que tardo en ver quién manipula la cerradura de nuestra oscura estancia.
¡Ozkora!Por el poderoso Odín, ¡Ozkora ha venido a sacarnos! Abro los ojos hasta más no poder, y manifiesto mi asombro abriendo la boca de par en par.
-¡Ozkora!-digo a media voz. Ella me sonríe y me indica poniéndose un dedo en los labios que debo guardar silencio. Por fin, consigue abrir la puerta dando varios manotazos. Nada más entrar, le abrazo con todas mis fuerzas.
-Te he llamado varias veces al móvil-me explica-. Y me asusté al ver que no lo cogías. Tras hacer unos cuantos cambios, alguien me dijo que te había encerrado al norte de España y no se me ocurrió otro sitio que este.
Le sonrío mientras me separo de ella.
-Me alegro tanto de que hayas venido…-me arrodillo junto a Alexander y le zarandeo suavemente-Alexander, despierta. Ya podemos salir.
Él no tarda en levantarse, ya que tiene un sueño muy ligero. Me acerco a Alice y repito el proceso de despertarla, solo que ella tiene el sueño más profundo.
Ozkora me lanza una mirada fulminante.
-¿Esta era tu ''medida drástica''?-señala a Alexander,que le devuelve la mirada de asco;parece enfadada-¿Un demonio? No has podido meter la pata más al fondo, Éthara.
Alexander la mira acentuando su expresión de asco y aversión, y mi amiga no duda en devolvérsela. Me acerco a ellos para calmar un poco la cosa.
-A ver, a ver-los interrumpo-. Ozkora, él me ayudó, y además me rescató en cierta parte de este lugar. Y Alexander, ella también me ha sido de gran ayuda cuando más lo necesité, así que no hay por qué ponerse así.
Ozkora se encoge de hombros y sale de la celda la primera.
-Un demonio-masculla, sacudiendo la cabeza.
Alice sale detrás de ella, y voy a traspasar la puerta de barrotes con una sonrisa cuando Alexander, detrás de mí, me agarra del brazo.
-Oye-susurra-, ¿estás segura de esto?
-¿A qué te refieres?
Él cambia el peso de una pierna a otra, incómodo.
-No me fío de ella. Y además, nos saca así como así, y sin precaución… ¿y si hay guardias? No quiero que nos vuelvan a encerrar aquí…
Niego con la cabeza, con cara de fingida tranquilidad. La verdad, a mí también me preocupa, pero…confío en ella. Me ha sacado de bastantes apuros, y esta no es una excepción.
-¿Prefieres quedarte en este mugriento y oscuro calabozo que te debilita hasta a ti?-le pregunto, con una sonrisa que le demuestre que con Ozkora no hay peligro.
Él sacude su cabeza, haciendo que sus negros cabellos se muevan. Al salir, intenta que su ocultada opinión no se oiga, pero lo capto enseguida:
-No lo digo por mí.
Espero sinceramente que os haya gustado. ^^
Pues me ha dado un poco de miedo lo de la transformación del demonio ese en un drácula con colmilllos afilados q se clavan. me dan miedo las pelis de esos bichos, fijate, porque si al menos fuera un drácula como en el Barrio Sésamo q sólo se dedica a contar cosas y los colmillos son de goma espuma todavía, pero eso de q muerdan y se claven y hagan pupita, como q no. qué miedorrr!.
ResponderEliminarbesitos Almita. A la espera del siguiente >:0]
¡Hola,Perga!^^
ResponderEliminarA ver...repito,que yo no escribo estas cosas para daros miedo ni traumatizaros...mmmm...a lo mejor debería dedicarme a escribir novelas de terror...;-)
Un besazo,
Almalual.